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El llevaba semanas queriendo tatuarse. Hab铆a encontrado a una artista del tatuaje con un estilo que lo fascinaba: l铆neas finas, sombras delicadas, tinta que parec铆a fundirse con la piel. Su esposa, Cristina, lo acompa帽贸 sin sospechar que aquella visita cambiar铆a algo m谩s que la piel de su marido.

Al llegar al estudio, una peque帽a tienda iluminada por luces c谩lidas, los recibi贸 Valeria, la tatuadora. Ten铆a una presencia hipn贸tica:.cabello negro, pelo no demasiado largo y flequillo recto que apenas dejaba ver su mirada, desordenada, labios gruesos y unos ojos oscuros y profundos que lo recorrieron con una intensidad que hizo despertar algo m谩s que sus ganas de tinta.
Vest铆a una blusa negra de tirantes que dejaba al descubierto sus brazos tatuados y un escote que insinuaba sin esfuerzo.

-As铆 que este es tu primer tatuaje -dijo Valeria con voz ronca, deslizando su mano por el antebrazo mientras examinaba la piel-. Vas a querer que te duela un poquito, 驴no? Cristina sonri贸, divertida por el coqueteo, pero not贸 c贸mo se despertaba la entrepierna de su marido.


-S铆... -respondi贸 茅l, sintiendo un leve escalofr铆o con el contacto. -Bien. Acom贸date en la camilla. El se quit贸 la camisa y se recost贸, Cristina se sent贸 a su lado, observando c贸mo Valeria preparaba la aguja con movimientos precisos.
Cuando la aguja toc贸 la piel de aquel hombre, una sensaci贸n intensa lo recorri贸. No era solo el dolor, sino la forma en que Valeria lo tocaba, c贸mo su respiraci贸n se mezclaba con la suya.


Cristina tambi茅n lo not贸. Mir贸 a Valeria, que sosten铆a la aguja con firmeza, sus labios apenas separados, concentrada, pero con una sonrisa apenas perceptible. -驴Te gusta mirar? - Susurr贸 Valeria sin levantar la vista.


Cristina se estremeci贸. No sab铆a si se refer铆a al tatuaje o a otra cosa. -Depende de lo que haya para ver -respondi贸 con una sonrisa traviesa mientras se acomodaba la falda dejando ver sus piernas cruzadas. El ambiente se volvi贸 el茅ctrico. Valeria levant贸 la vista, encontrando la de Cristina. Sus ojos hablaban sin palabras y ambas sent铆an como la atracci贸n, la humedad y sus latidos se apoderaban de ellas.

Cuando termin贸 el tatuaje, El se incorpor贸. Su respiraci贸n estaba alterada, y no solo por la tinta. Valeria se quit贸 los guantes con calma, sus dedos manchados de tinta recorrieron su propia cadera hasta el boton de su pantal贸n.
-Si necesitan privacidad, la tienda ya est谩 cerrada... -susurr贸.


Cristina y su marido se miraron. No hab铆a necesidad de hablar. Su mujer se acerc贸 a Valeria, rozando sus labios con los de ella antes de atraparlos en un beso lento, intenso, probando la calidez de su boca. El, a煤n sentado, observ贸 con los ojos oscuros de deseo, era incapaz de razonar y se dej贸 llevar.


La noche avanz贸, no hab铆a lugar para nada mas que el placer, entre caricias h煤medas y gemidos ahogados profundos. La tinta a煤n fresca sobre la piel de aquel hombre ard铆a, pero no tanto como el fuego que ard铆a entre los tres.
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